martes, 19 de febrero de 2008

Pensamientos en medio de un bosque lluvioso 7

Con las manos unidas mediante esposas plateadas, y estas a su vez fijas a través de un lazo con sendos extremos de la cabecera de la cama; los brazos de piel blanca unidos, entrelazados y estirados completamente sobre la cabeza de negra cabellera. Los ojos mirándole fijamente, mejillas sonrosadas y la boca medio abierta que dejaba ver parte de una dentadura bien cuidada. Cuello tenso y largo, clavículas perfectamente forradas por piel blanca y suave y un formidable par de senos cubiertos por un delicado corpiño de encaje que parecía estarse estrenando en ese momento. Los senos moviéndose de arriba abajo, efecto de la respiración agitada, un juego de costillas que armaban una caja torácica pequeña, un abdomen igualmente blanco y plano, cuyo único accidente era un ombligo diminuto y perfectamente redondo (era el mayor orgullo de Hilda; su ombligo excesivamente cuidado durante los primeros meses luego de su alumbramiento, atendido por el mejor cuidador de ombligos de San Petesbusrgo). Vientre y monte de Venus igualmente palpitantes, no sólo debido a la respiración, sino a fuerzas más oscuras que revoloteaban dentro de su ser y que no podían ser disimuladas por la pantaleta de encaje blanco. Muslos largos y fuertes, cubiertos por suaves medias veladas, separados entre sí, debido a que cada pié estaba fuertemente atado a cada uno de los extremos inferiores de la que el común de las personas denominaba, la cama del doctor Brodigner. Así reposaba Hilda, próxima a contraer el apellido Aronnax, mordiéndose el labio inferior y con una extraña iluminación en sus ojos que capto la atención del doctor Brodigner, pero sólo por un momento.

lunes, 11 de febrero de 2008

Pensamientos en medio de un bosque lluvioso 6

El doctor Brodigner, con su característica sonrisa que gustaba a unos, y fascinaba a otros, contaba los escalones pacientemente mientras bajaba hacia la planta baja. Al pisar cada escalón de madera, entrecerraba los ojos y mordíase levemente su labio inferior al escuchar bajo sus pies la vibración y el sereno crujir de las fibras de comino crespo. A pesar de que toda su casa estaba tapizada con esta madera, sólo en las escalas se detenía, desde que era niño, a escuchar las crocantes tablas. Respiraba profundo y suspiraba siempre que llegaba al piso, recordando el rugido de la madera centenaria crujiendo en su cerebro, alebrestando sus recuerdos. La copa iba vacía en su mano derecha (siempre bebía de la misma copa desde que sus padres reservaron un juego de losa sólo para él, al contraer hepatitis a los doce años). Dejó la copa sobre el chifonier y se dirigió a su habitación. Al abrir la puerta le resultó inevitable levantar su ceja izquierda y su característica sonrisa creció, pero sólo un poco más de lo normal al ver lo que acontecía en el espacio que el común de las personas denominaba, su habitación.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Pensamientos en medio de un bosque lluvioso 5

La señora Brodigner todavía temblorosa, abrió finalmente sus grandes ojos cafés y una gran sonrisa era dibujada por sus carnosos labios escarlata. Miró hacia la puerta del cuarto de baño y lo único que vio fue esta cerrándose suavemente. Nuevamente sonrió. –Monsieur Aronnax, ¿sería tan amable de dejarme sola? No quiero verle más-. El francés que todavía conservaba en su boca el sabor íntimo de la Brodigner frunció el ceño y comenzó a besarle el dedo gordo del pié derecho. La señora Brodigner lo alejó y le golpeó la cara con el talón. Aronnax se puso de pie inmediatamente y salió de la bañera pegando un brinco, buscó por toda la habitación y lo único que encontró a la mano fue una de sus pantuflas junto a la bata de baño. La tomó con determinación y volvió hacia la blanca dama con la pantufla alzada, respirando agitado y apuntando el golpe sobre la dentadura de marfil de quien creía su amante; sólo ahí reparó en que ella, con sus manos bien escondidas entre sus piernas, se hacía presa dichosa de un nuevo orgasmo. Se quedó observando en silencio pero entre suspiros y sollozos, la señora Brodigner le dijo: -Vete, o si no la próxima vez invitaré a tu esposa, que me comprende mejor-.

lunes, 4 de febrero de 2008

Pensamientos en medio de un bosque lluvioso 4

Hilda, acostada inmóvil sobre el suelo de madera del desván, escucha atentamente lo ocurrido en el baño principal de la residencia Brodigner. Ella sabe que él está allí, que él es quien ha arrebatado de la garganta de la señora Brodigner los más envidiables alaridos… ¿Por qué simplemente no se los regalaba a ella también? ¿Por qué tenía que gastar toda su energía y potencia en una señora rica y mantenida, a quien le importan más sus bucles finamente peinados, que la ortografía del propio nombre Aronnax? Hilda sabía muy bien esta ortografía porque era la prometida del hombre que acababa de realizar un récord de buceo entre las piernas de la señora Brodigner. Hilda también sabía que Aronnax la deseaba igual o más que la dama principal de la casa ¿Por qué Aronnax simplemente no se le lanzaba encima y hacía de las suyas? Hilda disfrutaba más escuchando a su hombre complaciendo a otra dama que respondiéndose esta pregunta elemental.

domingo, 3 de febrero de 2008

Pensamientos en medio de un bosque lluvioso 3

Agnes, la mucama, se encuentra revolviendo en el cuarto de su patrón, buscando al gato para darle su medicina. Sin esperarlo, la mujer se ha encontrado con una foto del doctor Brodigner cuando era adolescente, sosteniendo una escopeta, sonriendo orgulloso en un prado invernal. ¿Dónde había visto antes a este joven?

Pensamientos en medio de un bosque lluvioso 2

A través de la copa cristalina, la señora Brodigner dejaba escapar de su boca fuertes alaridos que competían con el estrepitoso golpe de la lluvia sobre el techo. Por un momento, aquellos gritos fueron lo único que se escuchó en todo el bosque, y luego, silencio en el cuarto, la lluvia cayendo y los truenos, el cuerpo de la Brodigner y el agua de la bañera trepidando intensamente mientras el doctor Brodigner continuaba catando un trago de su vino. Agua de la bañera se derrama y en medio de las piernas de la mujer se levanta cansada la corporalidad del señor Aronnax, igualmente jadeante, pero por falta de aire. El doctor Brodigner vuelve a levantar una ceja sin dejar de mirar, y sonríe por haber encontrado una nueva marca de buen vino joven: - Está perfecto para acompañar el queso... mi queso -.

sábado, 2 de febrero de 2008

Pensamientos en medio de un bosque lluvioso 1

El doctor Brodigner llevaba en su mano una copa de buen vino, entró al baño de su casa y encontró a su esposa en el interior de la bañera. La espuma escondía disimuladamente su blanca desnudez, ella mantenía los ojos cerrados y jadeaba al ritmo de las convulsiones que dominaban todo su cuerpo, movimientos cada vez más rítmicos y rápidos que se contagiaban mecánicamente al agua que la bañaba, a las velas que la rodeaban y hasta a los truenos que retumbaban afuera en el bosque. El doctor levanto una ceja y miró a su esposa a través del cristal de su copa, el vino lloraba divinamente: -Definitivamente me sienta mejor el tinto – se dijo.