A través de la copa cristalina, la señora Brodigner dejaba escapar de su boca fuertes alaridos que competían con el estrepitoso golpe de la lluvia sobre el techo. Por un momento, aquellos gritos fueron lo único que se escuchó en todo el bosque, y luego, silencio en el cuarto, la lluvia cayendo y los truenos, el cuerpo de
domingo, 3 de febrero de 2008
Pensamientos en medio de un bosque lluvioso 2
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