lunes, 4 de febrero de 2008

Pensamientos en medio de un bosque lluvioso 4

Hilda, acostada inmóvil sobre el suelo de madera del desván, escucha atentamente lo ocurrido en el baño principal de la residencia Brodigner. Ella sabe que él está allí, que él es quien ha arrebatado de la garganta de la señora Brodigner los más envidiables alaridos… ¿Por qué simplemente no se los regalaba a ella también? ¿Por qué tenía que gastar toda su energía y potencia en una señora rica y mantenida, a quien le importan más sus bucles finamente peinados, que la ortografía del propio nombre Aronnax? Hilda sabía muy bien esta ortografía porque era la prometida del hombre que acababa de realizar un récord de buceo entre las piernas de la señora Brodigner. Hilda también sabía que Aronnax la deseaba igual o más que la dama principal de la casa ¿Por qué Aronnax simplemente no se le lanzaba encima y hacía de las suyas? Hilda disfrutaba más escuchando a su hombre complaciendo a otra dama que respondiéndose esta pregunta elemental.

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