martes, 19 de febrero de 2008

Pensamientos en medio de un bosque lluvioso 7

Con las manos unidas mediante esposas plateadas, y estas a su vez fijas a través de un lazo con sendos extremos de la cabecera de la cama; los brazos de piel blanca unidos, entrelazados y estirados completamente sobre la cabeza de negra cabellera. Los ojos mirándole fijamente, mejillas sonrosadas y la boca medio abierta que dejaba ver parte de una dentadura bien cuidada. Cuello tenso y largo, clavículas perfectamente forradas por piel blanca y suave y un formidable par de senos cubiertos por un delicado corpiño de encaje que parecía estarse estrenando en ese momento. Los senos moviéndose de arriba abajo, efecto de la respiración agitada, un juego de costillas que armaban una caja torácica pequeña, un abdomen igualmente blanco y plano, cuyo único accidente era un ombligo diminuto y perfectamente redondo (era el mayor orgullo de Hilda; su ombligo excesivamente cuidado durante los primeros meses luego de su alumbramiento, atendido por el mejor cuidador de ombligos de San Petesbusrgo). Vientre y monte de Venus igualmente palpitantes, no sólo debido a la respiración, sino a fuerzas más oscuras que revoloteaban dentro de su ser y que no podían ser disimuladas por la pantaleta de encaje blanco. Muslos largos y fuertes, cubiertos por suaves medias veladas, separados entre sí, debido a que cada pié estaba fuertemente atado a cada uno de los extremos inferiores de la que el común de las personas denominaba, la cama del doctor Brodigner. Así reposaba Hilda, próxima a contraer el apellido Aronnax, mordiéndose el labio inferior y con una extraña iluminación en sus ojos que capto la atención del doctor Brodigner, pero sólo por un momento.

1 comentario:

Catrin Coquille Saint Jacques dijo...

Y le vamos a poner imágenes de un bosque, de la lluvia..... para ponerlo más lindo?
Besos mon cherie