miércoles, 6 de febrero de 2008

Pensamientos en medio de un bosque lluvioso 5

La señora Brodigner todavía temblorosa, abrió finalmente sus grandes ojos cafés y una gran sonrisa era dibujada por sus carnosos labios escarlata. Miró hacia la puerta del cuarto de baño y lo único que vio fue esta cerrándose suavemente. Nuevamente sonrió. –Monsieur Aronnax, ¿sería tan amable de dejarme sola? No quiero verle más-. El francés que todavía conservaba en su boca el sabor íntimo de la Brodigner frunció el ceño y comenzó a besarle el dedo gordo del pié derecho. La señora Brodigner lo alejó y le golpeó la cara con el talón. Aronnax se puso de pie inmediatamente y salió de la bañera pegando un brinco, buscó por toda la habitación y lo único que encontró a la mano fue una de sus pantuflas junto a la bata de baño. La tomó con determinación y volvió hacia la blanca dama con la pantufla alzada, respirando agitado y apuntando el golpe sobre la dentadura de marfil de quien creía su amante; sólo ahí reparó en que ella, con sus manos bien escondidas entre sus piernas, se hacía presa dichosa de un nuevo orgasmo. Se quedó observando en silencio pero entre suspiros y sollozos, la señora Brodigner le dijo: -Vete, o si no la próxima vez invitaré a tu esposa, que me comprende mejor-.

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