El doctor Brodigner llevaba en su mano una copa de buen vino, entró al baño de su casa y encontró a su esposa en el interior de la bañera. La espuma escondía disimuladamente su blanca desnudez, ella mantenía los ojos cerrados y jadeaba al ritmo de las convulsiones que dominaban todo su cuerpo, movimientos cada vez más rítmicos y rápidos que se contagiaban mecánicamente al agua que la bañaba, a las velas que la rodeaban y hasta a los truenos que retumbaban afuera en el bosque. El doctor levanto una ceja y miró a su esposa a través del cristal de su copa, el vino lloraba divinamente: -Definitivamente me sienta mejor el tinto – se dijo.
sábado, 2 de febrero de 2008
Pensamientos en medio de un bosque lluvioso 1
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